Los inversionistas chinos salen al exterior a la caza de propiedades

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    Durante las tres últimas décadas, Xu Weiping ha trabajado como diseñador industrial, investigador del gobierno chino y vendedor de electrodomésticos.

    Ahora, su meta es construir un complejo empresarial de 1.000 millones de libras esterlinas (US$1.630 millones) en un extremo de Londres. Xu forma parte de un creciente grupo de empresarios inmobiliarios chinos que lanzan sus primeros proyectos en grandes capitales de Occidente. Su plan ilustra tanto las ambiciones globales de China como los desafíos económicos que afronta el gigante asiático, señala Art Patnaude en The Wall Street Journal.

    La desaceleración de la economía china y los esfuerzos del gobierno para estimular la diversificación han desatado una carrera entre los inversionistas y las compañías inmobiliarias para salir al exterior.

    Los inversionistas chinos adquirieron más de US$13.900 millones el año pasado en propiedades comerciales fuera del país, según Real Capital Analytics. La cifra supera el total de los cuatro años previos.

    La tendencia se ha enfriado este año, al igual que la economía del país. De todos modos, las compras por US$4.400 millones realizadas en el primer semestre de este año superan el total de transacciones de 2012, cuando los inversionistas chinos adquirieron bienes inmuebles en el extranjero por US$3.700 millones, informa Real Capital.

    Algunas de las mayores inmobiliarias chinas desarrollan proyectos de construcción en el Reino Unido, Estados Unidos y otros países.

    Londres, cuyo régimen tributario y sector financiero son un imán para las empresas foráneas, es uno de los blancos de la expansión. Para las inmobiliarias, “lo importante es la evolución,” dice Jingjing Ma, director de inversión asiática en el Reino Unido de DTZ, una firma de servicios de bienes raíces. “El mercado chino está lleno de competidores. Tienen que salir al exterior”, señala.

    El año pasado, Xu fue recibido con escepticismo en el Reino Unido cuando reveló sus planes para transformar un terreno de 14 hectáreas en el este de Londres, vacante por mucho tiempo, en un imán para compañías chinas. Desde entonces, la inversión china en propiedades británicas y de otros países se ha disparado y el proyecto, conocido como Royal Albert Dock, ha tenido una acogida más calurosa. Hace unas semanas, el gobierno local otorgó el permiso de planificación a Asian Business Port, filial británica de la inmobiliaria de Xu. Los trabajos de topografía ya comenzaron y se espera que la construcción empiece el próximo año.

    El complejo de 430.000 metros cuadrados enfrentará una prueba decisiva en noviembre, cuenta Xu, cuando 10 empresas deben realizar un pago inicial por los edificios que pretenden comprar y ocupar. Xu se negó a dar los nombres pero afirma que “la mayoría provendrá de China, al menos inicialmente”.

    El proyecto enfrenta otros escollos, como conseguir el dinero. Su éxito depende de la venta de edificios, que financiarán una tercera parte del costo. La empresa de Xu aportará otro tercio y la parte restante será financiada por bancos o inversionistas internacionales.

    Xu, de 54 años, dice que se reunió este mes con dos fondos soberanos de Medio Oriente que mostraron interés. Por ahora, el terreno, ubicado a unos 13 kilómetros del centro de Londres, se parece a un estacionamiento alrededor de dos edificios abandonados que tendrán que ser restaurados. En 1981 la industria naviera abandonó el área, que sufrió grandes bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Vecindarios cercanos están entre los más pobres de la ciudad.

    Xu cuenta con un poderoso aliado en el gobierno del alcalde Boris Johnson, quien ha estado cortejando capital asiático para abordar el creciente problema de escasez de viviendas en la ciudad y transformar terrenos públicos hoy ociosos. “En realidad, el nombre ABP, las siglas de Asian Business Port, salió de una conversación con el alcalde y su equipo”, dice Xu.

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